Confinamientos

Puede resultar muy tentador en estos días, tras ya más de un mes confinados, sentir una sensación de encarcelamiento, lo que despierta un sentido de empatía global con el resto de la sociedad víctima de las mismas circunstancias y, en especial, por quienes las viven más directamente.

En gran parte es debido a que en mayor o menor grado sentimos en nuestras propias carnes las sensaciones de incertidumbre, miedo y las limitaciones propias de estos encierros temporales, aún siendo capaces de poder encontrar un sentido y propósito para ello.

Creo que puede ser el momento ideal para ampliar el concepto, ya que existen muchos otros tipos de confinamiento y algunos sin duda mucho peores que el nuestro. Existen confinamientos perpetuos, desde que uno nace, sin distracciones, sin Netflix, no pudiendo salir bajo ningún concepto, viviendo en minúsculos habitáculos, acinados, tratados sin ninguna clase de empatía: sólo son mercancía y existen por miles de millones en grandes industrias confinadoras llamadas granjas, cuyo producto, resultado de semejante aberración, es adquirido por millones que hoy sienten en su piel una pequeña parte de éste sádico proceso.

Si no somos capaces de empatizar con las víctimas de confinamientos tan aberrantes como éstos, jamás podremos librarnos de él. Justo cuando los conflictos emergen, es el momento de reflexionar y avanzar sobre ellos, de lo contrario, estamos condenados a repetir la historia una y otra vez.

Libéralos, libérate, libéranos, hazte vegan@.